El por qué confundimos mente y realidad - Kenneth Iversjö

El por qué confundimos mente y realidad

10 maneras de joderte la vida
22/02/2018

En otra ocasión ya hablé sobre el “mapa” y el “territorio”, es un tema que me parece esencial y de lo más relevante para el buen funcionamiento de cualquier ser humano. A nivel metafórico los problemas surgen cuando el mapa no coincide (o no es útil) para el territorio, y lo que ocurre en la vida real es que las personas confundimos nuestra mente (mapa) con la realidad física (territorio), es decir, mezclamos lo que pensamos con lo que realmente sucede.

El origen de nuestras incomodidades, dificultades y problemas es que queremos vivir o experimentar algo diferente de lo que está ocurriendo en realidad. Si me molesta donde vivo es porque mi vivienda no coincide con lo que deseo o tengo pensado (añoro un espacio más grande, con más luz, etc.). Ese deseo lo puedo ver y percibir en mi mente y no está materializado, pues si lo estuviera yo no sentiría incomodidad alguna ya que lo que quiero y la realidad coinciden. Cuando esto último sucede no suele haber queja ninguna por parte de la persona, cuando la realidad (territorio) casa con mi forma de pensar (mapa) la incomodidad no existe.

Esto es así de una manera tan consistente que por eso estamos metidos en problemas más de lo que queremos. Si no te han enseñado esto antes, normalmente tú confundirás mapa y territorio, mente y realidad. Al mezclar estos dos “universos” juzgarás la realidad que sucede en base a tu forma de pensar, y tendrás pensamientos del tipo: “que mierda de casa, cómo me gustaría ganar más dinero para poder mudarme…”, “… si mi mujer dejara de darme la lata, sería fantástico…”. O cualquier otra clase de expresión que manifieste el desacuerdo entre lo que pienses y lo que ocurre. Confundimos mapa y territorio de tal manera que no distinguimos entre ellos ni reconocemos la individualidad de cada uno. ¡Qué perturbación más grande!, ¿verdad?. Pues eso mismo nos pasa a todas y todos, así sólo podemos equivocarnos y crear problemas.

Si esto no sucediera seríamos conscientes de que manifestamos nuestros pensamientos, ideas, deseos, sueños en la realidad física que habitamos. Construimos casas, ciudades, relaciones de pareja, etc. Inventamos juegos muy variados como deportes, disciplinas artísticas,…. Tendríamos consciencia de que la realidad física es la que es y que nosotros causamos alteraciones y cambios en ella en base a nuestra forma de pensar. Creamos ideas en nuestra mente que queremos materializar en la realidad física, y cuando no lo conseguimos nos molestamos. Queremos “tener”. Tener experiencias, objetos, posesiones para percibir ciertas sensaciones. Porque, ¿Qué es un ser humano sin metas?

Tengo mi universo mental, por otro lado está el universo físico y quiero que lo que creo en mi mente se manifieste en la realidad física. Partiendo de la conciencia plena de esta distinción, si conozco el “cómo lo hago” puedo pasar al “hacer” para cumplir mi propósito de “tener” materializada mi idea en el mundo. Un ejemplo: llego a la cocina, la comida está en el frigorífico (sólo dispongo de varios ingredientes, lo que hay es lo que hay), los utensilios están en los cajones (igualmente tengo una variedad de ellos, los que hay son los que hay); pienso el plato de quiero preparar en mi mente (la receta es el “cómo lo hago”), pasó a cocinarlo que es el “hacer” y obtengo un “tener” que es el plato ya preparado. Simple, ¿verdad?. En este ejemplo se puede percibir claramente que hay dos realidades separadas, una nuestra realidad propia mental y otra la realidad física en la que estamos inmersos. Estos mundos se influyen mutuamente a través de canales de comunicación: a través de los sentidos (vista, oído, olfato, sensaciones físicas, gusto) recoges información del universo material y los representas en tu universo mental propio. Esto puede producir cambios internos en tu mundo como: nuevos aprendizajes, cambios de estado emocional, actitudinal, también en nuestra conciencia o capacidad para percibir nuevos datos,…. Por otro lado influimos el mundo material a través de nuestra comunicación verbal y no verbal (en la interacción con otras personas, animales), manipulando y alterando físicamente la realidad (poniendo la mesa para la comida, pintando el coche, arreglando las calles de la ciudad,…).

Tenemos normalmente tan solapados y confundidos nuestro universo propio y el universo material que mayormente vivimos las representaciones que hemos creado en nuestra mente más que lo que sucede en realidad. Al entrar en una experiencia nueva (o sea no tener representación de lo que va a ocurrir ni cómo funciona la situación) nuestra atención se activa muy potencialmente y comienza un aprendizaje consciente (por ejemplo cuanto estás aprendiendo a conducir). Lo que ocurre es que cuando ya has aprendido esto se vuelve un hábito y entonces la atención se adormece y la habilidad se automatiza (cosa que es muy útil por un lado) realizándose de forma mecánica sin control voluntario. Has creado un modelo (qué es, cómo y por qué conducir) y éste está ya operando automático, para cambiar sus limitaciones tendrías que volver a activar la atención conciente disociándote de dicho modelo para poder realizar algún cambio en él. Eso es precisamente lo que hay que hacer para deshacer la confusión entre mente y realidad, debes ser capaz de separarte y percibir la diferencia entre uno y otro y sus canales de comunicación, sólo así podrás empezar a cambiar tu manera de operar. ¿Te das cuenta que ambos mundos funcionan diferente? En tu mente tú eres Dios, puedes crear lo que quieras con una facilidad pasmosa, pero en el mundo material las cosas funcionan diferente, ¿no?

Hacemos la vida más complicada de lo que es en realidad. Si la conviertes toda en hábitos pierdes libertad, si mantienes el equilibrio entre ellos y la actuación consciente, si desarrollas la habilidad de modificar hábitos y aprendizajes para poder actuar de forma distinta, ganas en libertad. Mi trabajo es ese, ayudar a las personas a ser más felices. Ellas llegan a mi consulta confusas, preocupadas, quejosas y mi labor es ayudarlas a entenderse, a comprender cómo han llegado donde han llegado y cómo poder cambiar esa situación y alcanzar el estado que desean. La uniformidad y la confusión crean problemas, aburrimiento, mediocridad y lucha.

La conciencia, libertad de elección y creatividad aumentan el desarrollo y felicidad, ¿tú qué elegirías?